Holodomor: Desde el alcance del olvido a la grandeza de la memoria

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




El término Holodomor no es una abstracción, ni siquiera una abducción. Es una realidad largamente olvidada que ha cobrado sentido apenas recientemente. Gracias a él se entiende el alcance del olvido. Es bajo este sentido también que el genocidio de los ucranianos contribuye a la toma de conciencia de la memoria. Porque, en este caso, esta última no constituye una sacralización tal y como algunos afirman. La memoria es una supervivencia en el mundo de la vacuidad y el olvido. No se trata de la celebración de un acontecimiento glorioso que bien podría ser una derrota. Se trata de la resistencia a la barbarie y al poder del olvido.

Pese a que el genocidio se llevó a cabo en 1933, no fue hasta 1991 cuando salió a la luz para la historia universal, y de una manera tan cobarde que hizo falta bastante tiempo para “molestar” a la sociedad de la indiferencia. Holodomor nos muestra el poder del olvido. Durante décadas fue capaz de aplastar la memoria con su silencio. No se trataba de la falta de reconocimiento, como en el caso del genocidio de los judíos y de los armenios, sino de una inexistencia. Antes de ser reconocido tenía que haber existido. Sin embargo, la política estalinista extinguió cualquier intento serio a fin de demostrar su ausencia a priori y no a posteriori. Por eso la lucha ucraniana se retrasó tanto; porque no podía, digámoslo así, empezar. Esta característica es absolutamente fundamental, ya que demuestra que las ocho fases del genocidio no constituyen una compartimentación. Existen, en cambio, encabalgamientos, enredos. Concretamente, el proceso de la negación puede comenzar incluso desde la etapa ya del exterminio. De esta manera las víctimas no existen. Se trata de la aun más indefinida aplicación del principio de la deshumanización, la cual declara que las víctimas no son humanas para permitir que los verdugos las aniquilen más fácilmente. El comienzo del proceso de la negación durante el exterminio no ofrece a las víctimas el derecho a existir. La política estalinista llevó a cabo un genocidio hermético, a puerta cerrada. Sólo por existir los hombres libres muy a pesar del olvido y de su alcance, la grandeza de la memoria permanece. El genocidio de los ucranianos, en la línea del genocidio de los armenios, ha de seguir el camino trazado por el proceso de enmienda. En todo caso, el hecho de hablar sobre el genocidio de los ucranianos sin utilizar siquiera el término “reconocimiento” permite la ruptura del velo del olvido y la concienciación del trascendental papel de la memoria y la dignidad humanas. El valor del genocidio de los ucranianos resulta de la resistencia de la gente a existir a pesar de la prohibición. Los vientres redondos no deben morir por la nada. No se trata de la repetición de una consigna que carece de sentido, por ejemplo el “nunca más”. Debido a que siempre vuelve y a pesar de todo.

Sin embargo, es mejor que preparemos a los pueblos para luchar ya desde las primeras fases del proceso del genocidio con el fin de evitar la fase de exterminio. Los ucranianos, no obstante, existen. El mecanismo estalinista ya no puede escribir el libro de la risa y el olvido. El marcapáginas no ha desaparecido. Tenemos entonces que escribir para existir y existir para escribir.







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