El genocidio de los ucranianos y los logros de la compasión

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




En Grecia, el genocidio de los ucranianos es prácticamente desconocido. Holodomor es todavía una palabra inaudita, mientras que veinticuatro países ya han reconocido el genocidio de los ucranianos como crimen contra la Humanidad. En cierto modo podríamos decir que para el contexto griego se trata de un “conseguido” genocidio, ya que la sociedad o bien lo ha olvidado o bien lo ignora. Esto, sin embargo, no significa que no haya víctimas y verdugos. Esto no significa que no fueran asesinadas personas inocentes y que no luchen personas justas por el reconocimiento del genocidio de los años 1932-1933. El mensaje de la Llama Inextinguible es simple: Ucrania recuerda, el mundo reconoce. Y su simbolismo es absolutamente comprensible. Cristo Crucificado en el corazón de la Virgen María explica el nacimiento de la muerte. Las espigas de trigo son una referencia a la hambruna artificial. Muchos de nosotros no conocemos lo evidente acerca de esta tragedia humana. Ya no tiene importancia. Ahora podemos aprenderlo todo. Tenemos acceso a los archivos secretos de aquella época que explican el marco y las causas de los esporádicos testimonios del pasado. No existe ya la opción del olvido, sino solamente la de la indiferencia. Los documentos existen y demuestran los horribles hechos de aquella época soviética. Podemos ya ver directamente la magnitud del sacrificio, el horror del crimen. Como griegos sabemos exactamente qué significa la palabra “genocidio”, ya que nuestro pueblo lo ha vivido en su pellejo y ha muerto muchas veces por su culpa. No hace falta que nos la expliquen. Sólo debemos aprender la historia olvidada de Ucrania. El hecho de no ser conscientes no nos puede sorprender. La metodología del genocidio es comprensible. Se basa en la extinción de los seres humanos transformándolos en bestias para que puedan estas devorarlos, y por otra parte en la eliminación de las pruebas. Por lo tanto les resulta a los sobrevivientes dos veces más difícil mostrar la magnitud de la tragedia, y sin la existencia de los Justos pueden acabar en el suicidio, como Primo Levi. La Llama Inextinguible no simboliza sólo el genocidio mediante el fuego sino también su reconocimiento mediante la luz. En calidad de griegos no somos responsables del genocidio de los ucranianos, pero como ciudadanos somos responsables del genocidio de la memoria. El genocidio de los ucranianos nos toca a través de la Humanidad y del tiempo. No sólo debemos aprender; nuestro deber es actuar a través de la memoria como resistencia al sistema del olvido de la dignidad humana. Además, cada genocidio es una lección; no sólo para los verdugos, que buscan su eficacia, sino también para los Justos, que luchan por los derechos humanos. El genocidio de los ucranianos posee un aporte importante. Su trasfondo ideológico y sus implicaciones geopolíticas han enriquecido las herramientas de los verdugos. Y nuestra ignorancia no puede permanecer neutral. Se está cargando inductivamente y nos convierte en cómplices. Por la Llama Inextinguible nuestra memoria se convierte en logro de la compasión.







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