El reconocimiento del genocidio de los Pontios

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




En nuestra efímera vida raramente sabemos si una lucha vale la pena. Luchamos por necesidad sin saber si realmente existe un elemento apreciable que demuestra de una manera objetiva la racionalidad de nuestra postura. El reconocimiento del genocidio pertenece a estos raros casos en los que la compasión toca directamente a la Humanidad. Esta lucha posee valor independientemente de sus luchadores. Cuando un pueblo entero fue víctima de la crueldad, fue a la propia Humanidad a la que se hirió. Lo mismo ocurre con el genocidio de los Pontios. No es sólo un problema local que concierne a una minoría. El Ponto, como elemento griego y como entidad acrítica de nuestra civilización, constituye una de las singularidades que caracterizan nuestra pluralidad. Por consiguiente, no debemos aislar la cuestión Ponciana ni como hecho histórico ni como objetivo estratégico. Al contrario, tenemos que integrar los conocimientos que poseemos en el campo de los derechos humanos. El ejemplo del reconocimiento del genocidio de los armenios es tanto indicativo como eficiente, ya que los objetivos intermedios alcanzados no se deben a instituciones del Estado sino a lobbies. Cuando la Unión Europea reconoció el genocidio de los armenios en 1987, Armenia no existía aún como estado independiente. Luego el marco estatal no es indispensable y en consecuencia esto no constituye una excusa para la inercia. El ejemplo del informe de 2004 de la Unión Europea sobre el asunto de Imbros es espectacular, ya que muchos griegos consideraban que Imbros era sólo uno de los “países perdidos”. Pero el ejemplo más eficiente a nivel personal es la reciente lucha chipriota en el ámbito de las apelaciones masivas contra Turquía. Porque a este nivel cada refugiado contribuye a la liberación indirecta de su país mediante la transformación de un problema moral y humanitario en otro que puede caracterizarse como económico y estratégico. A través de la estrategia de los derechos humanos los chipriotas han demostrado que la economía puede ser interpretada como la dinámica de la ética. En resumen, todos estos ejemplos históricos constituyen sustancialmente los elementos básicos de una amalgama estratégica que con movimientos coordinados demuestra que es un arma poderosa en el terreno de los derechos humanos y especialmente en lo que se refiere a la cuestión del reconocimiento del genocidio de los Pontios. Los Pontios no están solos en esta lucha por el reconocimiento, dado que otros pueblos también han sufrido y siguen sufriendo por el diacrónico régimen militar de Turquía. Tienen, sin embargo, tanto experiencias como éxitos en casos difíciles, y esto es lo que tenemos que utilizar de manera activa dentro de un marco estratégico en el que los elementos sentimental y tradicional no son suficientes. Esta lucha debe organizarse tanto a través de apelaciones a nivel individual como a través de lobbies especializados a nivel de grupo.







free counters


Opus