Condenando la inhumanidad

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




Tendemos a hablar de los demás a través de análisis de extranjeros. Sin embargo, hay textos que son determinantes por sí mismos. No necesitan una interpretación especializada. Para los expertos en el genocidio de los armenios son muchos; no obstante, raramente aparecen en los periódicos. El siguiente extracto fue escrito por el Dr. Mehmet Resit, comandante de Diyarbakir:
“Hay dos posibilidades. O los turcos serán aniquilados o los turcos los aniquilarán. No podía quedarme indeciso ante estas dos soluciones alternativas. Mi identidad turca era más poderosa que mi competencia médica. Me dije: en lugar de nuestra erradicación, debemos nosotros erradicarlos. […] Si la historia me lo reprocha, lo voy a aceptar. Sin embargo, me es indiferente lo que otras naciones escriban o vayan a escribir sobre mí.”
Con esas escasas y sencillas frases el escritor explica el genocidio de 1.500.000 armenios. Nadie puede decir que es extranjero, ya que es turco. Nadie puede decir que es analfabeto, ya que es médico. Nadie puede decir que él no es consciente del problema, ya que es comandante. En esencia no hay excusa. Además, la cuestión y el problema del reconocimiento del genocidio de los armenios demuestran cómo hacen frente a él los turcos. A pesar de que el genocidio ha sido reconocido por decenas de países e instituciones en el ámbito internacional, los turcos insisten en que no es un genocidio y que debemos examinar los archivos otomanos. Pero esto tiene ya lugar. La historia censura este crimen contra la humanidad, pero los turcos no lo admiten y permanecen intransigentes. No cambian su posición porque la acusación no les asusta. Y la razón es simple. No hay condena.
El ejemplo del genocidio de los armenios no es solamente ilustrativo para el genocidio de los griegos pónticos sino para los chipriotas también. La invasión y ocupación pueden ser acusadas pero no han sido condenadas. Y por esta razón la cuestión chipriota ha permanecido sin evolucionar durante décadas. Mientras que con los recursos hay condena y con ella el coste de inhumanidad. La drástica evolución sobre la cuestión de Chipre en los últimos años se debe principalmente a los recursos de los chipriotas. Sólo estos recursos lograron convertir la acusación en condena. Ahora ya los turcos no deben mirar sólo su presente eterno que lo determinaba todo. Ahora deben prestar atención a su pasado también porque decide acerca de su porvenir. Mediante los recursos y la noción de la condena, la inhumanidad ya tiene un coste. La economía funciona como dinámica de la ética y esto es lo que ahora temen.







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