Historia y pecado

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




El 14 de mayo de 1914 el Ministro del Interior Talaat Pasha da la siguiente orden secreta: “Es urgente, por razones políticas, que lo habitantes griegos de las costas de Asia Menor se vean obligados a abandonar sus pueblos y establecerse en las provincias de Erzerum y Caldeas. Si se niegan a trasladarse a los lugares indicados, se les ruega dar instrucciones orales a nuestros hermanos musulmanes para que obliguen a los griegos mediante cualquier forma de atrocidad expatriarse por sí mismos y por su propia iniciativa. En este caso no se olviden de tomar de estos desterrados declaraciones de que abandonan sus hogares por su propia iniciativa totalmente”.

Cuando además tenemos en cuenta que Talaat Pasha es uno de los principales responsables del genocidio de los armenios, se hace ya difícil creer que la eliminación de cualquier elemento no-turco no estaba programada y que no pertenecía a una planificación general del estado. Nada sucedió espontáneamente. Todo movimiento del sistema turco siempre ha tenido el mismo objetivo. Desafortunadamente, las personas que se dieron cuenta de ello eran escasas y no pudieron convencer a los nuestros, y por esta razón vivimos las páginas más negras de nuestros tiempos modernos. El genocidio de los armenios y los griegos pónticos pertenece al mismo marco, tal y como lo demuestran ahora los documentos históricos. Sin embargo no son casos únicos.

El problema del reconocimiento de la Republica chipriota, aparentemente formal y procesal, pertenece en realidad al mismo marco y a la misma táctica. No debemos aislarlo de la realidad histórica, ya que es la continuación natural del mismo esfuerzo referido a la ideología que mostró el régimen nazi. No sólo el propio país debe ser “limpio”, sino que también se necesita un “espacio vital” que es Chipre, el Egeo y Tracia. Ahora, no obstante, esta zona pertenece a la Unión Europea y es natural para Turquía y su táctica intransigente reclamar un lugar en ella. De esta manera Turquía desea controlar internamente lo que ella considera su espacio. A esta doctrina es a la que debemos hacer frente como ciudadanos europeos que pertenecen a una institución basada en los derechos humanos. No podemos aceptar la voluntad de Turquía por motivos económicos que no existen desde que los acuerdos ya están implementados. La cuestión de Oriente incorporada en el contexto histórico plantea el problema de nuestra ontología, de ahí que sea tan importante.







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