9239 - El genocidio de los armenios fue sólo el principio

N. Lygeros
Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou

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El genocidio de los armenios fue sólo el principio, y con ello no nos limitamos a decir que se generalizó con el genocidio de los asirio-caldeos, los judíos y los griegos pónticos en tanto que se trató de un esfuerzo colectivo e integral de extinguir cualquier población no musulmana en el territorio del Imperio Otomano. No, cuando decimos que fue sólo el principio queremos poner énfasis en el hecho de que los esfuerzos de Turquía aún continúan en la actualidad. No sólo con su código penal, que inflige una pena de prisión de diez años para cualquier referencia al genocidio de los armenios, sino también con su papel a través de los azeríes en lo relativo a la cuestión de Artsaj. No es posible no darse cuenta de que Turquía está tratando de extinguir sistemáticamente cualquier elemento negativo en la zona. Todos sabemos que los azeríes no se han convertido en turcos por la guerra, sino que han sido siempre turcos. La distinción que se utiliza no sólo es errónea, sino también peligrosa, porque oculta deliberadamente la verdad. Y nadie comete el mismo error con los armenios de Armenia y los armenios de Artsaj. Tenemos, pues, que indicar a todos, incluso a aquellos que no quieren oírlo, que la cuestión de Artsaj es la continuación del genocidio de los armenios, el cual no ha cesado todavía. Armenia y Artsaj no son museos de la civilización armenia, sino vivas realidades a las que tenemos que conceder la debida importancia, a fin de que no mueran a causa del yugo diplomático turco. Nosotros, como Justos, no tenemos el derecho de dejar a los continuadores del genocidio que destruyan más elementos de la civilización armenia, como lo han hecho con el cementerio de las antiguas cruces de piedra, los llamados khatchkar, que simbolizan la armeniedad.

No tenemos el derecho de dejar a Artsaj a la merced de Dios. Y por esta razón debemos luchar, con el fin de que sea reconocido por Grecia, y por otros países, como un estado armenio independiente. Es por la misma razón por la que debemos rechazar cualquier alianza militar que pudiera atacar o perturbar al pueblo armenio. No vamos a caer en las trampas de la diplomacia y aceptar intentos que socaven nuestra amistad con este pueblo. Ambos sabemos muy bien qué significa genocidio. No necesitamos que nos lo explique nadie. Sin embargo, tenemos que ser coherentes: no basta con colocar una ofrenda floral para echar en el olvido otras acciones peligrosas. Porque el genocidio de los armenios fue sólo el principio y hay que tomar partido por el bando de las víctimas, como todo Justo hace.